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5.7.08

Si?

Me sugieres que no arremeta contra ella, que no tiene la culpa de nada...

Si?

Yo creo que no tiene la culpa de nada excepto de sus propias letras, que no tiene la culpa de nada excepto de sus propios pasos, que no tiene la culpa de nada excepto de todo aquello de lo que es responsable, como todos los mortales.

Sin embargo tú, precisamente tú, clamas piedad por la pobre indefensa –incapaz de hacerlo sola acaso si quisiera?- y me riñes por contar, presuntamente, con ella en algún bando de mi sentir. Tú, precisamente tú, nuevo Madro Tereso de Calcuto, traicionas el trato y te vuelves romántico y blandes Misericordia como hierro escudo de injusto raciocinio idealista, propio del paciente que, desesperado ante su miedo inseparable –natural de los que pudieran ser fuertes-, cubre a su absurda enfermera que lo sustenta estáticamente cual verdura flotando en malsana sedación con sus besos mejor fingidos para consigo misma.

De nuevo no. No puedo entender lo que pasa, ni pasar de lo que entiendo.

Pero pasa que te extraño, joder, te extraño mucho.



12.5.08

Ojito con Mamá Pata

Mamá Pata nos vino a ver al corral esta tarde, tenía las plumas alborotadas y el pico un poco seco, pero lo más espeluznante fue la lección de recatada moral anátida que se dispuso a inculcarnos a todos los pollitos y pollitas del Maizal.

–Adorables pollitos y pollitas del Maizal, atención por favor! –dijo- como sabéis, os traigo la verdad verdadera: el Pato ya no existe, ahora es mío; alejaos siempre del fuego, que es muy malo muy malo; y recordad que la felicidad consiste en estas pastillitas blancas que os he traído, con todo mi afecto...-

Nosotros anonadados, nos miramos los unos a los otros y encogidos de alas, pisoteando nuestras caquitas, le dimos la razón, total, que no fuera por vanidad...

28.4.08

La fuerza de la herida...

Hemos hecho mal el mundo. Si tienes una herida, tienes ventaja; si tienes dos heridas, eres el favorito; si tienes tres heridas, eres un privilegiado; si te dejas matar por las heridas, eres un mártir a quien todo el mundo ensalzará en la gloria.

Regocijémonos pues en nuestras heridas que nos dan el éxito, cultivémoslas con vehemencia, paciencia, insistencia, violencia, lo que haga falta, pero que florezcan fuertes nuestras dolencias, que crezcan altas,que duren mucho, y que estén frondosas para exponerlas con justa soberbia ante las bocas de las gentes y callarlas y doblarlas y hacerlas redimirnos de hacer fuerza con nuestra propia boca, que ya no muerde, la pobre, porque no le hace falta.

Malditos roedores de la moral.