Mostrando entradas con la etiqueta epicentro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta epicentro. Mostrar todas las entradas

19.10.08

Siempre fui yo


Me quiere dócil como un Cadillac del 58

discreta como los pasos de un sospechoso

tan fiel como una escama a su serpiente

y hambrienta como un vampiro sin dientes


Me quiere cautiva como la sangre en el corazón

Tan maniatada como María en la anunciación

Amordazada como un disparo con silenciador

E inmaculada para el veneno de su aguijón


Me quiere sin importarle quién sea

Todo se piensa y luego se crea

Me quiere en blanco, pincel en mano

Once minutos para inventar mi pasado

Y pasa de largo pasando por alto

Que solo existo en el óleo de su cuadro

Que nunca me quiso, que nunca me vio

Que siempre fui otra, que siempre fui yo


9.10.08

·} Poder temer

CeBé tuvo miedo mientras bajaba el vuelo de su falda hasta la cornisa de sus rodillas dobladas. Refrescó sus ojos con un parpadeo duro y giró el rostro en dirección al aire nocturno para que se helara el filo negro de sus pestañas y poder llorar.

Mejor así. Respiró a conciencia, buscando alimentarse del dulce olor a mar oscura que enloquecía las hormigas de su nariz. El primer bocado de ese aroma siempre producía terremotos de epicentro incógnito y remoto en varios puntos de su memoria más primitiva; después la calma, la sonrisa, la lágrima y la fuerza...

Siempre le habían enseñado a ignorar el miedo, a trucarlo por respeto, o recelo, o alarma según contexto, sin embargo nunca consiguió creer en su ausencia y una tarde, CeBé abrió la puerta a ese tipo de ojos negros cuya sombra absoluta se había alargado durante años hasta el umbral de su boca abierta. Antes de dejarlo pasar, besó al fantasma de voz tan muda, para después cerrar la puerta tras de sí y poner rumbo al aire del ocaso que oportunamente se agachaba desde el otro lado del horizonte.

Nunca más volvieron a casa. Nunca más necesitaron casa.

Mirar al miedo de cerca la hacía viva, desafiarlo la mantenía fuerte.