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27.8.08

Que hasta soñaba que no lo era

Fred era tan soñador
que hasta soñaba que
no
podían ser sueños
los sueños que en verdad soñaba...
por eso inventó la voluntad de poder.

- Buen intento
pero no cuela...
Fred.

Se puede no soñar?
o si prefieres llamarlo así,
se puede no ser presa de
la Voluntad
presunta
intrusa
intrínseca?

A veces
parece que si
pero

siempre llega
el hambre
o la sed
o la intriga
o el dolor
y de repente quieres
algo
y vives.

No, Fred? -

Se aconseja acompañar la actividad mental con A little drop of poisson


30.5.08

Tigre mujer amor erroR

-Que si, Friedrich, que si... tienes razón con lo de las gacelas, efectivamente su fe en los tigres es una cuestión de vida o muerte, y acepto que la muerte literal es un gran motivo para justificar FE como mecanismo de supervivencia, pero venga, por muy de instintos que estemos hablando admite que existe una diferencia entre hombres y gacelas, tú mismo lo dijiste el otro día en casa de Alfred, te acuerdas? todo estaba en blanco y negro... y esa música... en fin, hablabas de que en ocasiones el hombre –alguno más que otro- debe sufrir hasta el umbral de la muerte para sentir respeto por su propia vida, ¿qué gacela hace eso? y además tenemos la capacidad de reconstruir los conceptos saltando de fe en fe, y más adelante podemos incluso devorar nuestros miedos y prescindir de la Verdad. Lo sabes perfectamente, Fred.

-Hmmm... a dónde coño quieres llegar?

-Te he dicho mil veces que no me hables así. Y cómete los guisantes de una maldita vez.


21.4.08

Sra. Lechuga si puede lamentar-se legítimamente

Lamentar-se. Terrible concepto presente en el léxico castellano desde tiempos preliminares a la inquisición, a través del cual los individuos usuarios de semejante vocablo demuestran a sus congéneres el lánguido sentimiento de tristeza pasiva que abate su espíritu al referirse a según qué concepto tenebroso, sin que llegue éste a significar un tormento para si mismos, ni un peligro, ni tan siquiera un estado no deseable del todo.

Lamentar-se es lo que podría hacer una Lechuga en su sano juicio y con legitimidad completa, cuando, simultáneamente, dos tipos se pinchan a sus pies, los moquitos anidan en su sangre, y una mano desconocida se lleva sin permiso el néctar de las flores de su corazón...

Claro está, la Lechuga es un ser que carece de competencia para practicar la voluntad de poder...

Si al final es que, como dice Faemino, somos unos seres ignominiosos y nos quejamos plácidamente por vicio... con lo bonito que sería poder vivir sudando por lo que nos apetece querer.