Lamentar-se es lo que podría hacer una Lechuga en su sano juicio y con legitimidad completa, cuando, simultáneamente, dos tipos se pinchan a sus pies, los moquitos anidan en su sangre, y una mano desconocida se lleva sin permiso el néctar de las flores de su corazón...
Claro está, la Lechuga es un ser que carece de competencia para practicar la voluntad de poder...
Si al final es que, como dice Faemino, somos unos seres ignominiosos y nos quejamos plácidamente por vicio... con lo bonito que sería poder vivir sudando por lo que nos apetece querer.