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30.7.08

microrealidad


Nunca olvidaré las 11 palabras que disparó con sus ojos verdes desde el umbral de la puerta que ardía de agosto,

-Ya va siendo hora de que aprendas a asumir la culpa-

Juntas formaron un conciso equipo de castigo que tuve la dicha de recibir ante mis ojos de la forma más clara posible, pues computado con la tentativa de disimulo, la claridad era una ventaja a agradecer.

Entonces pensé que ese debía ser su trabajo natural después de todo, culpar y dejar atrás.



5.7.08

Si?

Me sugieres que no arremeta contra ella, que no tiene la culpa de nada...

Si?

Yo creo que no tiene la culpa de nada excepto de sus propias letras, que no tiene la culpa de nada excepto de sus propios pasos, que no tiene la culpa de nada excepto de todo aquello de lo que es responsable, como todos los mortales.

Sin embargo tú, precisamente tú, clamas piedad por la pobre indefensa –incapaz de hacerlo sola acaso si quisiera?- y me riñes por contar, presuntamente, con ella en algún bando de mi sentir. Tú, precisamente tú, nuevo Madro Tereso de Calcuto, traicionas el trato y te vuelves romántico y blandes Misericordia como hierro escudo de injusto raciocinio idealista, propio del paciente que, desesperado ante su miedo inseparable –natural de los que pudieran ser fuertes-, cubre a su absurda enfermera que lo sustenta estáticamente cual verdura flotando en malsana sedación con sus besos mejor fingidos para consigo misma.

De nuevo no. No puedo entender lo que pasa, ni pasar de lo que entiendo.

Pero pasa que te extraño, joder, te extraño mucho.