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28.12.08

Sobre cerdos, zorras, y gafas de sol.

se llevó el café a la boca

se detuvo en el borde de la taza

se dejó llevar por el dolor de cabeza

se imaginó que podía decirme cualquier cosa

se olvidó de todo lo que había aprendido hasta entonces

se puso las gafas de sol encima de los ojos, luego sobre el pelo,

después en la cabeza

a modo de cornamenta

creo

y

se acercó para decirme


hay algo muy importante que esa listilla a la que tanto te gusta leer ha olvidado incluir en su lista: a las mujeres nos disgusta mucho compartir las cosas con otras mujeres. Ni siquiera estamos dispuestas a acceder con las piezas que no nos pertenecen, especialmente cuando huelen a hombre.

no vuelvas a llamarme, cerdo, porque me vuelves loca, pero no pienso sacar los dientes por ti.


se terminó el café, que ya estaba frío

se bajo las gafas de sol hasta el escote

se acercó para darme un beso


y

dejo la carroña

para otra zorra.



whole lotta love






11.11.08

¿O qué esperabas?


¿Buscabas respuestas motivos perdones

razones las claves mis dones

los tuyos

ventajas minutos en antena

moreras y rosales en la arena

mermelada de pescado

clausura con censura sin pecado

besitos en la arruga de la frente

un píxel en el fin del horizonte

sellar las rendijas con pan de banquete

coser dos filetes con venas de hierro?

++++++++++++++Escucha, todos somos perros

+++++++ni amamos ni odiamos tan literalmente

++++++++++++++++como el glosario nos vende.

5.7.08

Si?

Me sugieres que no arremeta contra ella, que no tiene la culpa de nada...

Si?

Yo creo que no tiene la culpa de nada excepto de sus propias letras, que no tiene la culpa de nada excepto de sus propios pasos, que no tiene la culpa de nada excepto de todo aquello de lo que es responsable, como todos los mortales.

Sin embargo tú, precisamente tú, clamas piedad por la pobre indefensa –incapaz de hacerlo sola acaso si quisiera?- y me riñes por contar, presuntamente, con ella en algún bando de mi sentir. Tú, precisamente tú, nuevo Madro Tereso de Calcuto, traicionas el trato y te vuelves romántico y blandes Misericordia como hierro escudo de injusto raciocinio idealista, propio del paciente que, desesperado ante su miedo inseparable –natural de los que pudieran ser fuertes-, cubre a su absurda enfermera que lo sustenta estáticamente cual verdura flotando en malsana sedación con sus besos mejor fingidos para consigo misma.

De nuevo no. No puedo entender lo que pasa, ni pasar de lo que entiendo.

Pero pasa que te extraño, joder, te extraño mucho.



7.4.08

La octava razón

Los seres humanos más cercanos y sinceros siguen siendo unos extraños, más o menos parciales, más o menos desconocidos los unos para los otros. La ambigüedad es inherente a la palabra.

En todas partes permanece el escándalo. Ninguna luz final, ninguna empatía en el amor desvela el laberinto que es la interioridad de otro ser humano. Al final, el pensamiento puede hacer que seamos unos extraños los unos para los otros.

El amor más intenso, quizá más débil que el odio es una negociación, nunca concluyente, entre soledades.



G. Steiner