
residentes en cada porción física de espacio-tiempo,
las cosas que suceden se repiten
-se suceden-
y aquello que sucedió va resucitándose compulsivamente,
como las infinitas olas blancas y frías del mar,
que siempre reviven una tras otra
-la misma ola-
para acariciar la brisa mojada,
y mojar la arena caliente,
y secarse en la tierra y morir...
No pretende ser poema,
solo se me antojan los espacios,
los acantilados entre letras,
consúmalo en prosa, Señor.
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