
Érase una vez, en un pueblo muy seco y muy atardecido, yo sin paletas mirando las calles maravillosamente silenciosas desde las alturas.
Después de que se marcharan las golondrinas a por más barro, Alguien decidió rodearme con sus brazos en aquel tejado, y bajo la luz de las luciérnagas que me estaba imaginando, me contó una deliciosa mentira que ha resultado ser la verdad más deseable que he oído en toda mi vida.
1 comentario:
te felicito ... :)
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